| Échale la culpa al boogie |
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El desastre de BP va a suponer un importante varapalo para la marca petrolera, pero a la hora de dirimir responsabilidades, nos encontramos con un laberinto jurÃdico parecido al del Prestige. Hay que recordar que el Prestige era un buque griego que navegaba con bandera de Bahamas, transportaba crudo para la filial suiza de un grupo petrolÃfero ruso, tenia un permiso de navegación americano y una aseguradora inglesa. Pues resulta que las plataformas petrolÃferas se escudan en sistemas similares para evadir sus responsabilidades cuando hay problemas. La plataforma petrolÃfera Deepwater Horizon que se hundió en el Golfo de México fue construida en Korea. La hacÃa funcionar una empresa suiza contratada por una petrolera británica. La responsabilidad primaria de seguridad y otras inspecciones no era de Estados Unidos, sino de la República de las Islas Marshall, un minúsculo y empobrecido paÃs del PacÃfico. Y las islas Marshall, un grupo de minúsculos atolones, algunos más pequeños que la propia plataforma hundida, subcontrató muchas de sus responsabilidades a empresas privadas. Ahora, cuando el gobierno intenta aclarar qué se ha hecho mal en la peor catástrofe medioambiental de la historia de Estados Unidos, este laberinto de autoridad dividida y de conflictos de intereses emerge como un factor crucial en el desastre de la plataforma. Bajo leyes internacionales, la plataformas petrolÃferas como la Deepwater Horizon reciben el tratamiento de barcos, por lo que pueden matricularse bajo banderas extrañas como las islas Marshall, Panamá o Liberia, reduciendo el papel de Estados Unidos o sus paÃses limÃtrofes en su inspección, normas de seguridad y demás. Y ahora, no culpes al sol, no culpes a la luna... échale la culpa al boogie.
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